Ante todo, mamás

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Ante todo, mamás

Mensaje  Silvia el Lun Mayo 04, 2009 10:12 am

Ante todo, mamás

Ser madre no tiene barreras ni fronteras. El instinto llega para quedarse y la lucha no acaba hasta que no se tiene entre los brazos a una pequeña criatura. Amor incondicional y noches en vela que hoy reciben su recompensa. Aunque ellas lo que quieren es sólo verles sonreír


VANESSA SÁNCHEZ. PALMA. Sara interrumpe la conversación para decir que su "mami" es "la mejor". Inma Escribano sonríe mientras recuerda cómo hace algo más de siete años, en un hotel de China, la niña se dormía en sus brazos sin dejar de mirarla. "En ese momento volví a sentirme una madre". Sensación que ya había experimentado tras los dolores de parto con sus dos anteriores vástagos, Carlos y Ángel. "Sabía que quería tener hijos pero nunca me planteé cuántos... ahora, esta vida, es algo que no cambiaría". Inma lo define como amor incondicional, ese que se da sin esperar nada a cambio. María de los Ángeles Leal dice ser una madre más egoísta "pero sin el carácter peyorativo de la palabra. Mis hijas (Marina y Mariona) son mías y quiero estar con ellas el máximo de tiempo posible. Son mi razón de ser, mi alegría". Las dos son un buen ejemplo de cómo las adopciones internacionales son mucho más que solidaridad. La primera buscó en el país asiático esa niña tan anhelada –tras dos varones– con el apoyo incondicional de su pareja. La segunda, ver realizado su sueño de ser mamá aunque estuviese soltera.
Aunque lo probó todo y fue constante, tuvo que recurrir a la inseminación artificial para poder quedarse embarazada. Días llenos de preocupaciones, noches de incertidumbre hasta que el ginecólogo le confirmó la noticia. "Esperas gemelos". "No voy a negar que me asusté un poco porque criar a dos niños de golpe no iba a resultar nada fácil. Pero me hacía mucha ilusión", reconoce Laura Hernández. Hoy esos miedos se han transformado en dosis de felicidad –llamadas Víctor y Álvaro– y mucho, mucho estrés. "Si me hubieran preguntado hace años qué era para mí ser mamá seguramente no habría respondido lo que hoy creo que es". Y lo resume en dos palabras aparentemente antónimas: sufrimiento y felicidad. Dos términos que se repiten en los tres casos.
Maternidad en solitario, familia numerosa o partos múltiples. En unas horas toda una vida que cambia y un nuevo ser que aterriza sin libro de instrucciones. "Lo único que tenía claro es que iba a dejar de trabajar durante los primeros años. Quería disfrutar a tope la maternidad, ver crecer a mis hijos". Inma se lo pudo permitir, al menos, con los dos primeros que nacieron bastante seguidos. Cuando aterrizó la cigüeña con esa pequeña de ojos rasgados y muy morenita no lo tuvo tan fácil. "Es cierto que estábamos bastante organizados, que ya teníamos un ritmo de familia establecido y que tan sólo tuvimos que encajar una pieza de puzzle más. Aun así, soy afortunada porque tengo una jornada seguida y por las tardes estoy todo el tiempo con ellos".
Lo de la conciliación laboral y familiar es, para ellas, una utopía. "La empresa no se niega a que reduzcas jornada pero a lo de elegir horario... eso es más difícil y claro, con dos en casa, se necesita más dinero, así que tiro de abuelos y abuelas para poder criar a los peques", cuenta Laura. María de los Ángeles suma a sus padres una gran familia con hermanos, primos y amigos. "Soy consciente de que sin ellos no podría haber salido adelante". Y es que la falta de una pareja no le iba a hacer renunciar a su deseo. "Yo ya era muy madre antes de convertirme ‘legalmente’ en ello. Y no creo que mis hijas echen de menos la figura de un padre. Sinceramente, creo que como una madre no hay nada y que aunque un padre quiera nunca será lo mismo", añade.
El cordón umbilical que unió a madres e hijos durante nueve meses – "aunque no haya dado a luz, mi proceso de adopción lo considero un parto de más de dos años"– explica una relación que no acaba nunca. "Mamá no hay más que una, esa sensación, ese sexto sentido o intuición siempre será algo muy nuestro", coinciden las tres.
Son ante todo madres. Viven y sueñan para y con sus hijos. No se arrepienten de su decisión pero sí tienen muy claro que con los que tienen se plantan. "No me gusta recomendar a la gente que tenga hijos. Hay que querer tenerlos porque su llegada significa pérdida de libertad y numerosos sacrificios", explica Inma Escribano. "A mí no me importaría adoptar una nueva niña pero ¡me tendría que tocar la lotería! Hablando en serio, quiero verlas crecer felices y no tengo más tiempo para dedicarle a nadie más", asegura Leal. "¿Y si me quedase embarazada y volviesen a ser gemelos? Ni loca. Son lo más grande de mi vida, de hecho, no concibo mi existencia sin ellos pero es mucho, mucho trabajo, mucho estrés, muchas noches sin dormir. Cuando no es uno es el otro... sólo espero que se hagan mayores para poder descansar un poco", anhela Hernández.
Hoy Sara premiará a su madre con una poesía. Víctor y Álvaro han garabateado un dibujo que entregarán a su mamá para que cuelgue en la nevera. Marina y Mariona también han preparado con cariño el suyo. Pero Laura, Inma y María de los Ángeles sólo esperan su sonrisa, que aprecien el cariño que les mandan y ser "al menos" "tan buena madre" como lo son las suyas. Para ellas, cada día con sus hijos, es un motivo de celebración.
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