Una entrevista que os recomiendo

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Una entrevista que os recomiendo

Mensaje  . el Vie Mar 27, 2009 6:34 pm

El otro día buscando por internet sin rumbo fijo, me encontré con un blog, pero es un blog un tanto especial, porque se trata de un blog que hace entrevistas a personas que a su vez tienen blogs... bueno, voy al grano, que me enrrollo. Total, que en este blog hay una entrevista a una mamá adoptante, y me parece una maravilla de entrevista, porque habla de la adopción no desde el punto ideal y rosa, sino desde un punto de vista realista, desde la propia experiencia, y creo que con mucho acierto. Os lo recomiendo.

ENTREVISTA Aurora Martinez

ADOPTAR:
Una ilusión que te hace grande

Aurora y su marido Daniel quieren tener un hijo.
Tras largo tiempo de clínicas, tratamientos infructuosos y desilusiones varias toman una decisión que comienza a hacerles felices: la adopción.
Aurora se muestra abierta con la aventura de su vida desde lo más desagradable, las inseguridades, miedos hasta las mayores alegrías que le han ido llegando desde la iniciación de la adopción de su tesoro.

¿Cuándo decidís adoptar?
En nuestro caso, adoptar vino “rodado”.
Cuando decidimos tener hijos nos topamos con la infertilidad y nos pusimos en manos de la ciencia para conseguirlo. Conforme fue pasando el tiempo y los tratamientos, y viendo que no surtían efecto, la idea de la adopción fue tomando forma hasta que en Abril de 2006 la materializamos presentando la solicitud para el certificado de idoneidad en nuestra comunidad.

¿Cómo fue la transición hasta conseguir tener a vuestra hija en brazos?
Creo que la palabra que mejor definiría ese tiempo es angustia.
En nuestro caso por la incertidumbre de saber si nos considerarían o no idóneos, por si todo saldría bien, por el tiempo que deberíamos de esperar...
Además, en medio del proceso, hubo problemas con unas adopciones que se estaban materializando en aquel momento en los dos Congos que acabaron con la desacreditación de la ECAI (Entidad Colaboradora en Adopción Internacional) que las tramitó.
Era algo que a nosotros no tenía porqué afectarnos, porque nuestra adopción la estábamos tramitando por “libre” (protocolo público), pero aun así nuestra comunidad decidió paralizar todos los certificados de idoneidad para aquel país hasta que el tema no se hubiera aclarado. Así que nos encontramos con una traba más.

¿Contabais con el apoyo de vuestra familia?
Totalmente.
Creo que estaban todos deseando que acabáramos con el tema de los tratamientos, porque veían que solo nos hacían sufrir y que nos decidiéramos a adoptar.
Cuando les comunicamos la noticia, fue muy curioso, porque todos tenían muy asumida la adopción y cada uno de ellos había “elegido” el país.
En el caso de mi suegra, fue China, porque conocía a no sé quién que tenía una nieta de allí. En el de una de mis sobrinas, Rusia. Uno de mis cuñados, Colombia.
La única sorpresa para ellos fue cuando les comunicamos que sería en África, aunque en aquel momento no teníamos claro el país.
Les costó asumirlo, a unos más que a otros, pero no pusieron ningún problema.
Al contrario, rápidamente cambiaron el chip.

Dices que pasasteis angustia en El Congo.
¿Dónde os alojabais? ¿Quién os recibió?
Al ser un país inseguro, de los que el gobierno recomienda no visitar. Nos pusimos en contacto con la Embajada de España allí para que nos recomendaran algún sitio.
Seguimos a pies juntillas sus indicaciones y acabamos alojados en el Gran Hotel, que consideran el más fiable en cuanto a seguridad.
En el aeropuerto nos recibió el tramitador que habíamos contratado mediante el orfanato que fue el que se encargó de llevarnos de un sitio a otro durante los días que estuvimos allí .
De todos modos, la Embajada estuvo pendiente de nosotros en todo momento y nos sentimos muy respaldados por ellos.

¿Por qué tal racismo hacia los blancos?
A mi entender, es algo totalmente comprensible.
Históricamente, les hemos colonizado y saqueado, algo que de algún modo sigue pasando. Y encima ahora nos llevamos su futuro, los niños.
Supongo que también circulan historias como que los queremos para traficar con sus órganos o para hacerlos nuestros esclavos. Así que entre una cosa y otra, la mayoría no son precisamente amables. Para ser justos tengo que decir que también hay gente encantadora y que es realmente hospitalaria, aunque son los menos, la verdad.

¿Visteis a la madre biológica de la niña? ¿Os la entregó otra persona? ¿Cómo fue?
En nuestro caso, no tenemos datos de su familia biológica, y es algo que nos pesa porque sabemos que un futuro será muy importante para ella.
A Ángela la fuimos a buscar a un orfanato. Nos la entregó una de las Hermanas, la responsable entonces, y nos dejó a solas con la niña -supongo que para respetar nuestra intimidad-.
Es un momento muy delicado, feliz y a la vez, muy duro. Pero sobre todo, emotivo.
Yo contuve las lágrimas porque no quería que cuando cogiera a mi hija en brazos por primera vez me viera llorar y eso pudiera asustarla.
La niña nos miraba un tanto extrañada, pero reía sin parar. Y nosotros no podíamos parar de sonreír.

¿Cómo os ha cambiado la vida desde entonces?
Bueno... a mí eso de que la vida te cambia me hace mucha gracia; es algo que no comparto.
No creo que la vida te cambie, creo que automáticamente pasas a ¡no tener vida! (risas). Y es que tu mundo pasa a ser solamente eso: tu hijo.
El trabajo ya no tiene la importancia que tenía antes, tus horarios cambian radicalmente...
Es tu única y principal prioridad y todo lo demás, incluida tu, es secundario.

¿Pensáis adoptar un hermanito para Ángela?
Si, ya hemos pasado las entrevistas para renovar el certificado y estamos a la espera de que nos lo envíen para empezar con el papeleo.
Aunque esta vez tenemos que cambiar de país, ya que las adopciones en la R.D. del Congo se cerraron hace unos meses. Esta vez quisiéramos ir a Malí.

¿La tramitación en Mali será más fluida? Y ¿Por qué Mali y no China o Australia?
Esta vez, al ser por ECAI, creemos que no será tan rápido como la otra vez, aunque todavía es pronto para hablar de plazos. Y es que cuando inicias un proceso, sabes cuando empiezas pero nunca cuando acabará, porque en el camino te puedes encontrar con un problema burocrático, con un parón de la administración o, simplemente, con una saturación de expedientes que provoque un retraso.
Así que preferimos no poner fecha, porque entonces la ansiedad es más grande.

Si hubiéramos podido, habríamos repetido en el Congo, porque nos hubiera gustado que nuestros hijos fueran del mismo sitio. Al no ser posible, buscamos otras alternativas, aunque teníamos claro que queríamos volver a África.
Así que empezamos de nuevo a buscar información y en aquel momento se acreditó una ECAI en Cataluña para allí.
Vimos que cumplíamos los requisitos que pedía el país, fuimos a una charla orientativa y nos decidimos.

En tu blog publicas fotos con amigos que también han adoptado. ¿Cómo os conocisteis?
A la mayoría, por internet.
Cuando los médicos nos comunicaron que para tener hijos debíamos hacer fecundación in-vitro, me puse a buscar información en la red.
Descubrí un foro en el que había otras mujeres en la misma situación que yo y después de un tiempo leyendo, me animé a participar.
De los tratamientos muchas pasamos a la adopción, así que he vivido muchos procesos muy de cerca.
En ocasiones se organizaban cenas o comidas para conocerse en persona e intercambiar experiencias.
Fuí a algunas y así las fuí conociendo personalmente, aunque con otras el primer contacto visual fue gracias a la cámara web.
Aunque al principio sólo nos unía el tema de la infertilidad, con algunas de ellas poco a poco fuimos yendo a más y han acabado siendo grandes amigas y un pilar fundamental en mi vida.

¿Qué os ha aportado esta experiencia además de un ser precioso?
En mi caso, creo que sobre todo estabilidad.
Tanto los tratamientos como la adopción han consolidado mi matrimonio y me han hecho crecer como persona.
Además, aprendes a relativizar muchas cosas de tu vida y a valorar otras que son tan normales, que no les das importancia.
Y, sobre todo, felicidad.

¿Cómo fue la adaptación? Tanto la vuestra como la de Ángela.
¿Se adaptó bien al clima? ¿No extrañaba nada?
¿Vosotros llorabais? ¿Reíais? ¿Saltabais?....
Ángela nos lo puso muy fácil. Era una niña risueña, que no lloró en muchos días.
Dormía muchísimo, comía bien...
Pero con todo y con eso, hay adaptación y es cuestión de meses.
Ella se metía el dedo en la boca para todo: cuando tenía hambre, cuando tenía sueño, cuando se asustaba...
Nos costó un poco diferenciar cada situación y ella poco a poco fue soltándose y sacando sus sentimientos.
Al ser un bebé, parece que todo va a resultar más fácil pero no lo es en absoluto.
Un bebé no es capaz de explicarse y de decirte que le duele, si tiene hambre, sueño o si está asustado. Así que nosotros nos dedicamos a cuidarla, besarla mucho, hablarle y a conocerla.
Es un tiempo de mucha ansiedad, en el que no sabes si estás haciendo las cosas bien y no eres capaz de relajarte ni un segundo: vives en una continua tensión.
El mínimo ruido que hace por la noche, te hace saltar de la cama como si te hubieran puesto un muelle.
Los sentimientos en esos momentos son contradictorios, porque por una parte eres la persona más feliz del mundo al haber cumplido por fin tu sueño y por otra te sientes agobiadísimo por la inexperiencia. Así que supongo que tampoco soy tan diferente a una madre biológica primeriza.

Y una vez pasa todo eso y por fin me relajé, me dio bajón.
Lo pasé realmente mal, por sentirme la persona más desagradecida del mundo y por no entender lo que me estaba pasando. ¿Cómo podía estar tan triste si al fin era madre?
No me atrevía a hablarlo abiertamente con nadie, ni si quiera con mi marido, porque pensaba que la gente me tacharía de ser una ingrata.
Hasta que un día leí que hay algo llamado depresión post-adopción, que es lo más normal del mundo y que hay a muchas mujeres que les pasa. Y me tranquilizó ver que no era un perro verde y que era algo que formaba parte de la adaptación.
Y a partir de ahí, todo fue rodado.

¿Cuándo sientes que Ángela es tu hija?
¡Buf! Pues no sé ni que contestar...
Y es que a día de hoy, después de 19 meses, todavía hay momentos en los que me parece que no puede ser verdad, que llamará alguien a mi puerta y me dirá que se han equivocado y que se la tienen que llevar. Es que viene rodado... No sé como explicarlo.
Tú sabes que esa niña es tu hija y te comportas como tal. Pero sentirla 100 por 100 tuya... creo que ya habían pasado unos cuatro meses.
De todos modos, en los primeros momentos el instinto de protección es el que domina la situación. Seguramente haces por tu hijo lo mismo que harías por cualquier niño: alimentarlo, bañarlo, cambiarlo, besarlo... Le dedicas toda tu atención y cariño y el tiempo hace el resto.
Ella fue cambiando su actitud poquito a poco. A mi marido le empezó a sonreír cuando llegaba a casa al cabo de unos tres meses de estar con nosotros.
Y la primera vez que manifestó algo de “mamitis” fue en la consulta de la pediatra a finales del mes de Julio. Se me empezaron a saltar las lágrimas y recuerdo que la pediatra me preguntó si era una de esas madres que lloran cuando sus hijos lo hacen. Y no le pude contestar, porque si llego a abrir la boca acabo llorando a moco tendido, porque ya te digo que fue la primera vez que rechazó a alguien y acudió en mi auxilio.
Fue un gran paso y a partir de ahí, empezó a lo que vulgarmente llamamos “extrañar”.

¿Os adaptasteis ambos a la nueva situación familiar al mismo tiempo o cada reaccionó de una manera?
¡Cada uno a su manera! Algo que me parece muy normal.
Mi marido lo vivió todo con mucha más naturalidad, mientras que yo, como ya he dicho, con una constante angustia.
Claro que la que estaba las veinticuatro horas del día con la niña era yo y supongo que eso también tiene mucho que ver. Pero en general, las mujeres vivimos la maternidad con mucha más impaciencia y nerviosismo que ellos.

¿Qué dirías a unos padres adoptivos primerizos?
Lo primero, que busquen información y testimonios. Que lean experiencias diferentes, en diferentes países y con niños de diferentes edades porque se pueden encontrar con cualquier cosa y ayuda mucho el saber que lo que te está pasando a ti es normal.
En algunas comunidades autónomas, al hacer la valoración para el certificado, se limitan solo a eso. No advierten de algunas reacciones que puede tener el niño o de lo que se pueden encontrar en el país al que viajen. Y eso puede ocasionar mucha ansiedad.

Tengo unos amigos canarios que me decían que los primeros días pensaban que su hija era sorda, porque no reaccionaba ante ningún ruido, por fuerte que fuera.
Evidentemente, no era así, sólo era que estaba tan asustada que lo manifestaba ignorándolos.
Que no piensen que todo va a ser de color de rosa, que para nada es así.
Hay que ir preparados y entender que el niño nos tiene que adoptar a nosotros, no al revés. Y eso requiere tiempo, cariño y mucha paciencia.

Y lo más importante: que cuando vuelvan de viaje no dejen que la familia y los amigos les invadan la casa. Que den “horas de visita” si es necesario y que se mantengan fuertes en esa postura (aunque con la familia a veces es imposible).
El primer mes en casa es muy, muy importante y las visitas solo ayudan a ralentizar la adaptación del niño y a confundirle.
El niño debe entender que esa es su casa y quiénes son las personas que viven allí y eso solo lo hace el día a día.
En nuestro caso el primer fin de semana fuímos algo más permisivos... y nos arrepentimos inmediatamente.
Así que decidimos que el que quisiera conocer a la niña, lo haría fuera de casa. Quedábamos en parques, restaurantes o, incluso, en las casas de los otros.
Pero en casa, las abuelas una a una y poco más

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